NAPOLEÓN Y EL ROBO DE LA DOCUMENTACIÓN DE SIMANCAS: UN INTENTO DEL NACIONALISMO DE CAMBIAR LA HISTORIA


La sustracción de gran parte de la documentación de la historia de España que ordenaba Napoleón en 1811 del Archivo General de Simancas, cuando establecía su cuartel general en Valladolid, fue un intento de amputar nuestra historia para tratar de ocultarla o cambiarla. Tras la caída de Napoleón se devolvería sólo una parte de los documentos, no pudiéndose recuperar todo lo concerniente a los asuntos franceses, incluido todo lo relativo a San Quintín. Al final se recuperaría en 1942 con la ocupación de Francia por la Alemania Nazi.

Mientras tanto permanecia la valiosa documentación en el Archivo Nacional de Paris durante casi 130 años y varios historiadores franceses se quedaron estudiándola a fondo para defender sus tesis, algunas imperantes hasta el día de hoy. Los autores e historiadores nacionalistas del XIX convirtieron las supuesta gran resistencia de la ciudad de San Quintín durante el asedio a la ciudad en una victoria y el motivo de la no caída de la capital de Francia, Paris en manos de Felipe II, pues al quedar completamente desarmada esta ciudad y sin ejército defensor estaba a merced de su ejército multinacional de 65.000 efectivos. La derrota francesa quedaría transformada para el país galo en un verdadero triunfo nacional. Es el momento para celebrarlo con los grandes monumentos conmemorativos y la proliferación de estudios que forjan una nueva gloria nacional. Mientras tanto los historiadores españoles, al no disponer de las fuentes más directas que se encontraban en Francia, respondían a los franceses con la publicación de libros centrados en el ensalzamiento de la épica de la gran victoria del día 10, justificando el no conquistar Paris por falta de dinero, lo hacía Federico San Román el asistente de Campo del malogrado presidente, el General Prim. Con el transcurso de los años los historiadores se olvidaban de estudiar los motivos de Felipe II en San Quintín, mientras el primer biógrafo de Felipe II, el norteamericano William Hickling Prescoot , empezaba a enfatizar la tesis de la ausencia de valor del rey o la pérdida de desventaja que había representado el no haber aprovechado la gloria del 10 de agosto por parte de Felipe II. 

Fruto de las anteriores interpretaciones manejadas con una intencionalidad clara y evidente y durante muchos años, los elementos de la campaña militar se mitificaron hasta obras recientes alimentandas por la leyenda negra de Felipe II, aquella que el príncipe Guillermo de Orange había acrecentado en el pasado durante la rebelión de Flandes de 1568 con sus publicaciones que demonizaban al enemigo español. Deducimos entonces la forma en que los historiadores franceses decimonónicos y de principios del XX tenían un plan estructurado para defender la deshonra de su país y un militar como Napoleón quería eliminar toda huella de desprestigio cercana a su nación con el expolio en Simancas. 

448 años después de este acontecimiento, he realizado el estudio que aclara todo este manejo. Una investigación que utiliza ante todo la principal documentación primigenia desvelada en el libro Felipe II y el éxito de San Quintín. Una obra rigurosa que conjuga la facilidad para leerla, donde las cartas y la documentación son el dialogo real que mantuvieron los participantes principales de aquella guerra, desvelándonos el componente más humano de éstos al ver sus equivocaciones y aciertos, incluidos los del rey. La trascendencia de estos descubrimientos ha sido presentada a través del libro en una conferencia en el Monasterio de San Lorenzo de el Escorial, la casa de Felipe II y donde a él le hubiera gustado sin duda que hubiera sido. Próximamente van a ser presentados en los principales museos e instituciones académicas españolas. El día 12 de noviembre de 2015 fue expuesto en el Museo Arqueológico Nacional y el 18 de febrero se hará lo mismo en el Museo del Ejército en Toledo. Entre los reconocimientos obtenidos, está el mérito de ser obra seleccionada para el Premio de Investigación en Humanidades y Ciencias Sociales del Ejército 2015 y expuesta en el III Congreso de Jóvenes Investigadores de la Fundación de Historia Moderna del Consejo Superior de Investigaciones Científicas.


José A, Rebullida.
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